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At what cost? || Kristine M. Stryder

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At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Nathaniel D. Stryder el Jue Nov 08, 2012 11:44 pm



“Time is free, but it's priceless. You can't own it, but you can use it. You can't keep it, but you can spend it. Once you've lost it you can never get it back.”
“You can't change the past, but you can ruin the present by worrying about the future”

“Time is what we want most, but what we use worst.”
Exacto. Tiempo, eso era lo que necesitaba. O mejor dicho, era lo que menos tenía. Cada incesante movimiento de las manecillas del reloj me parecía momentos perdidos. Dudando entre dejar fluir mis pensamientos y sentimientos o retenerlos y reprimirlos. Y al hacerlo estaba permitiendo que aquel monstruo interno me devorar desde dentro hacia fuera. A cada día que pasaba confirmaba la teoría de que “el hombre es el lobo de él mismo”. Podíamos consumirnos a nosotros mismos en menos tiempo de lo que tardaría otro en hacerlo. ¿Y qué jodidos se suponía que iba a hacer yo con el tiempo? Eso era lo que le había dicho a Kristine: que tomaría un tiempo en tratar de definir lo que me estaba pasando. Más bien, ambos tomaríamos el tiempo. Algo que se nos estaba siendo “regalado” gracias al aviso de “nuestros” padres de que su viaje por Norteamérica se prolongaría unos cuantos días más. ¿Cuánto? Ni ellos mismos lo sabían. Podían llegar en cualquier momento y eso eran malas noticias. ¿Qué tan rápido tenía que poner en orden los sucesos de las noches pasadas?

No sólo había sido esa noche en el que me había sido influenciado por el alcohol, sino que había pasado otra vez en el muelle. Esa vez sin la influencia del alcohol y dándome cuenta que no era el único con los incestuosos pensamientos en la cabeza. Y tal como la vez pasada, ambos habíamos “huido a la seguridad de nuestras habitaciones”. Ni siquiera había tenido ganas de regresar al bar en el que había estado horas antes; había dejado que ella se fuera primero, después de veinticinco minutos fue cuando encendí el carro, pensando que sería suficiente tiempo y kilómetros entre ambos. Había manejado directo de vuelta al instituto, con la ropa aún mojada. Para esa hora mis compañeros de habitación estaban tumbados en la cama. Me había dado una ducha caliente bastante larga para que cuando salí los espejos estaban empañados. Después me había metido a la cama, pero eso no significó conciliar el sueño al instante.

Ahora me encontraba en plenas calles londienses, con los débiles rayos del sol pegándome en los brazos y la cara. Era extraño que la brisa del aire fuera prácticamente inexistente. Aquel día había estado considerando la posibilidad de llamarle para quedar en algún lugar, obviamente no muy transitado por los estudiantes. Habían pasado varias horas para decidirme y al final –sin estar completamente convencido- decidí enviarle un mensaje desde mi celular. En el mensaje sólo se leía la dirección, nada más. No era de los que se caracterizaban por escribir largo y tendido por el celular y además ¿Qué carajos le iba a decir? Ni siquiera tenía un pretexto para verla. Bueno sí, tenía uno, pero bastante malo: “querer ver como iban las cosas”. El automóvil había quedado varias calles atrás. Por alguna extraña razón mi camisa, mi pantalón y mis zapatos eran negros. En el bolsillo delantero del lado derecho de mi pantalón llevaba mi celular, con la débil esperanza de que sonara. Aunque también estaba la posibilidad de que la castaña decidiera no venir. En uno de bolsillos trasero llevaba la cartera. Mis llaves se encontraban girando ruidosamente en mis manos.

Con disimulado interés miré en ambas direcciones. Para los demás debía pasar como cualquier otra persona paseando por las calles en busca de un artículo interesante que comprar en las tiendas. La gente pasaba a mi lado como cualquier otro día. No sabía si Kristine iba a venir, no había recibido ningún mensaje de vuelta hasta el momento y tampoco tenía constancia de cuánto iba a tardar. Quizá la había agarrado en los estudios o mientras estaba con sus amigas o… ¿con alguien más? Mi cabeza estaba jugando conmigo, creando escenarios que bien podían no estar sucediendo. Solté un suspiro largo al mismo tiempo en que me recargaba en una de las tan famosas cabinas de teléfono rojas. Tenía que empezar a formular mi propuesta de qué íbamos a hacer con lo que había pasado. No sabía ni por donde empezar. Tendría que buscar un lugar con menos transeúntes. Quizá debía mandarle un nuevo mensaje, avisándole que cancelaba todo.

- Mierda - maldije por lo bajo. Nunca antes había estado tan confundido y estarlo ahora me hacía sentir extraño. Lo peor era que no era por cualquier cosa, era una persona que tenía nombre y apellido. Éste último bastante similar al mío. No lo iba a negar, me hacía sentir vulnerable, expuesto ante la ciudad y el mundo entero. Y no me gustaba. Me agradaba sentirme en mi zona de confort, seguro de mí mismo y de mis decisiones. Y ahora era lo que menos estaba experimentando. Jodida vida.

Kristine M. Stryder
Calles y Callejones
4:30 pm


Última edición por Nathaniel D. Stryder el Sáb Nov 10, 2012 6:13 pm, editado 1 vez
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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Kristine M. Stryder el Vie Nov 09, 2012 3:02 pm


Love takes hostages,Gives them pain.
4:45 pm · Calles & Callejones · Nathaniel Stryder

Solo se necesitaba una ligera excusa, algo pequeño, no tenía importancia si realmente era algo de peso o una tontería, tan solo una llamada o un mensaje de texto me haría correr en su búsqueda, en un claro caso que masoquista, sabía perfectamente como iban a terminar las cosas, bien dicen “Todo lo que pasó una vez, puede no pasar nunca más, pero lo que pasa dos, pasará seguramente tres" ¿Entonces que? ¿Estábamos destinados a huir cada vez que sentíamos que perdíamos el control y estábamos por pasar el límite?... Agotador. Aunque bien hay que definir la palabra “huir” en esto, en realidad no tenía un significado de cobardía, era más ambientado a evitar un desenlace peligroso por ¿prudencia?..¿Respeto a la familia?...y también de cierta forma estábamos protegiéndonos el uno al otro de no tener que pasar por ser señalado por la sociedad. Las personas pueden percibirte una manera tan errónea sin si quiera conocer los hechos por tal razón si esto salía a la luz… tendríamos que ser fuerte, los comentarios siempre estarían presentes, las miradas acusantes, reprochadoras y mojigatas no se apartarían de nosotros… ¿Que tan fuerte se podría ser?

Trascurrieron unos días luego del suceso del muelle, por segunda vez metimos freno a tiempo— por desgracia y a la vez por el bien de ambos— Costo demasiado fingir que no pasaba nada, las chicas tienen ese sexto sentido… mis compañeras de habitación lo tenían que tuve que inventarme todo un rollo… para explicar el por qué llegaba tan tarde y que disculpaba haberlas despertado ( sí muy normal en mí intentar no hacer ruido y justo entras, no enciendes la luz, chocas con alguna cosa, se cae algo, hace un ruido escandaloso y luego se encienden las luces y tus compañeras esperan explicaciones por tu gran entrada y claro por haberles interrumpido el sueño…¡Bravo Kristine!) Ahora no recordaba toda la historia que monte para calmarles la curiosidad para que me dejaran tomar una ducha antes de envolverme entre las sabanas de mi cama, era como si mi almohada me incitara a apoyar mi cabeza y esperara secarme las lagrimas mientras en silencio buscaba respuestas. Esta jodida cosa no me gustaba, si esto que sentía era esa palabra que comenzaba por A… y se formaba con las letras de la palabra ROMA al inverso, si aquello se sentía así… la vida no era una Put* por que si lo fuera sería demasiado fácil. Y esto era más allá del nivel intermedio. Bastó el sonido del timbre para despertarme, agarré las cosas de la mesa para guardarlas dentro de la mochila, me eché a correr hasta el jardín, saqué mi iPod y comencé un karaoke al ritmo de “Love is hard” solo el árbol donde reposaba mi espalda era mi máximo oyente… tenía los pies estirados, moviendo mis pies como una manía a no quedarme estática, mis dedos se deslizaban en el zipper de la sudadera ¿ansiedad?... debía ser ello. Deslice las manos por mis bolsillos en búsqueda del cigarrillo entonces el celular se estremeció en una ligera vibración—acostumbraba a ponerlo en modo silencioso mientras estaba en clases y luego me olvidaba que existía y no atendía las llamadas o mensajes hasta que me acordara por casualidad— me levante de golpe al ver de quien era el mensaje de texto, Nathaniel… Levanté la mirada para observar a los lados ¿y si estaba cerca? ¿Debía leerlo o mejor ignorarlo? Quien sabe y me llame para decirme que esta en un club y aclaro sus dudas… que una de sus amigas complacientes le hicieron entrar en razón… ¡y mierda ya me estaba molestando esa idea!

Solté un suspiro y conté hasta diez de manera mental antes de leer el mensaje… ¿una dirección?... mi ceño se frunció con rapidez— te enviara con un psicólogo, aún te ve como la hermana y se preocupa que estés realmente loca…— se mojo esa voz interior en mi cabeza… la jodida ahora se hacía escuchar casi las 24 horas del día—entonces Kristine ¿serás valiente o vas a huir a tu dormitorio, encerrarte bajo llave y lanzar las llaves por el inodoro?— añadió con tono de prueba ¿Qué carajos esa parte de mi era sádica y le encantaba reírse de mi dolor?, mi cuerpo se tenso, me rasque la cabeza pensativa… Esto era inevitable, teníamos que vernos las caras por que rehusarnos a estar en la misma habitación era poco probable con nuestros padres una vez lleguen a Londres. Seguro harían reuniones familiares, seguro a la hora cenar nos preguntarían “¿Qué tal las clases? ¿Has encontrado alguna agradable señorita que te haga asentar cabeza Nathaniel? ¿Kristine, sigues bateando a los chicos…? ¿Melanie querida tú como vas con tus clases y con tus compañeros? ¿Landon y tu?, recuerden hacer todo con prudencia, no pueden arruinar sus vidas, si tienen problemas pueden contar con nosotros como sus padres buscaremos ayudaros y aconsejarlos…” si claro como si pudiera ir y decirles: No me interesan los demás, el único que me importa es mi hermano…pero sé que no podemos estar juntos por que sería una aberración para la familia, entonces ¿Qué sugieren?— deja de sumirte en sus pensamientos y toma una decisión ahora ¿irás o no ?— arremetió esa voz interior. Solté palabrotas a regañadientes mientras me colgaba la mochila, no quería ir hasta por las llaves al dormitorio, realmente no quería perder tiempo para verlo. Lo sé, soy una jodida masoquista.


Tomé un taxi, el conductor hablaba, hablaba y seguía haciéndolo mientras conducía, yo solo deseaba que se callara y dejara de hacerse el amable por lo cual, puse rostro de no comprenderle nada —je ne parle pas une même langue, je parle le français— susurré con todo el acento de francesa, nací en Irlanda sí, pero me crie cierto tiempo en Francia( pocos años en realidad y ciertas temporadas iba de vacaciones), me sentía mas francesa que irlandesa, la familia Stryder parecía decidir que sus hijos sean de diferentes nacionalidades para “enriquecer la firma familiar”. En resumen aquello funciono, el chofer se quedo en silencio el resto del camino. El auto se detuvo, pague al conductor—merci— Mordisqueé mis labios mientras caminaba mirando la dirección exacta de donde me esperaba. Deslicé las manos dentro de los bolsillos de la sudadera, avanzaba despacio mirando con atención en búsqueda de su rostro entre tanta gente que iba a cada ritmo de lo mas peculiar, unos como si llegaran tarde a una cita, otros lentos como si temieran llegar a sus destino, otros iban casi arrastrando a sus hijos para alejarlos de la vitrina que mostraban todo tipo de juguetes caros, eso me recordaba que se acercaba la navidad, entonces si Santa existiera me traería carbón…

Rebuscando con la mirada solté un suspiro cuando lo encontré al final, cerca de las cabinas telefónicas, mordí mi labio superior, me acerqué con lentitud y me detuve quedando a una distancia considerable, la normal entre dos personas. No sabía que decir. Tan solo lo mire a los ojos mientras movía mis manos dentro de los bolsillos—¿Dónde esta el consultorio del loquero que va a atendernos?— fingí mirar alrededor en búsqueda del anuncio de algún probable psiquiatra.


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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Nathaniel D. Stryder el Dom Nov 11, 2012 9:30 am



“Time is free, but it's priceless. You can't own it, but you can use it. You can't keep it, but you can spend it. Once you've lost it you can never get it back.”
“You can't change the past, but you can ruin the present by worrying about the future”

La situación entera era extraña. ¿Cuántas veces no había besado a una chica de curvas espectaculares? ¿Cuántas veces no las había llevado a mi departamento? Con Kristine no había pasado esto último; nos habíamos detenido en el momento apropiado. Ni siquiera quería pensar en cómo me sentiría en esos momentos si hubiéramos llegado a tales niveles. De por sí, mi mente estaba haciéndome pensar que la gente ya hablaba tras mis espaldas de lo que había pasado en el muelle. Siempre juzgando y señalando con el dedo índice. No es que en realidad me importara en sí lo que dijeran, sino en cómo podría afectar a la familia. Incluso había llegado a imaginar a mis padres discutiendo el asunto mientras se apresuraban a volver a casa, como si alguien les hubiera ido con el chisme. En realidad era lo que más me causaba náuseas y problemas al tratar de conciliar el sueño. Había soltado un suspiro de alivio cuando habían llamado y avisado que tardarían más de lo común; aunque sabía que no sería por mucho tiempo. ¿Cuál sería mi excusa para eludir la próxima reunión familiar? No podría asistir. No miraría a Kristine a la cara y después a ellos teniendo grabado con fuego nuestro último encuentro. Cuando lo pensaba me daba cuenta que sólo estábamos siendo unos idiotas al creer que con el tiempo encontraríamos una respuesta a nuestros sentimientos.

¿Y entonces por qué la llamas con esa estúpida excusa?, preguntó aquella voz interior, siempre con una voz burlona. Una parte de mí quería que viniera en cuanto antes, la otra parte estaría… algo agradecido de que no lo hiciera. ¿Por qué no ahorrarme la tortura de no tener a alguien prohibido que ni siquiera merecía? Tal vez la su rechazo haría que me diera por vencido y que diera media vuelta. Quizá estaría de acuerdo en que se enrollara con otro para poder verla y así convencerme que lo nuestro había sido algo sacado del deseo carnal y la emoción de lo prohibido. Pero no, sabía que era algo más y me conocía bastante bien para poder decir que no era de esos que tiraban la toalla tan fácilmente. Quería que la razón volviera a mí con tanta desesperación que deseaba que el tiempo pudiera regresármela, como si fuera un truco de magia. Pero mis deseos se interponían en el medio.

Trataba de obtener una imagen mental de cómo se encontraría Kristine. Habían pasado días y sólo había mantenido el contacto necesario con ella. Existían días que ni siquiera veía un atisbo de su melena castaña. ¿Por qué? Porque había estado ocupando mi tiempo en diferentes actividades, incluso había ido al gimnasio algunos días, –algo que no hacía normalmente debido a que me aburría-, las fiestas nocturnas no habían faltado aunque no con el mismo entusiasmo de mi parte; al final del día estaba tan cansado que ni tiempo tenía para pensar en “mi hermana”. Y eso ayudaba, en verdad lo hacía. Aunque no para obtener una respuesta definitiva. Así que la imagen mental de cómo estaría Kristine se distorsionaba constantemente. Chequé el reloj en mi muñeca, las manecillas marcaban las 4:40. Diez minutos me habían parecido una hora entera de estar parado en la calle, recargado en la cabina telefónica. En un gesto de impaciencia incontrolable e insensata comencé mover el anillo de plata de descansaba en mi dedo anular con el dedo pulgar.

Un grupo de chicas parlanchinas pasaron cerca de donde me encontraba, sus risas inundaron el ambiente por un momento. Mi mirada se cruzó con dos de ellas: una de ojos café chocolate y otra de mirada cristalina. Por alguna razón desvié la mirada antes de que terminaran de pasar. Era una de las primeras vece que lo hacía. El desinterés era la razón principal. Sí, eran atractivas, pero no tenía tiempo para ellas; es más ni siquiera quería tener tiempo para ellas. Bien podía fingir un leve interés y al menos eso me ayudaría a entenderme, quizá hasta ayudaría a quitarme a Kristine de a cabeza. Algo que tenía todas las probabilidades en contra. Habiendo tantas chicas en el mundo y sólo podía pensar en una, que ironía. Y una parte de mí sentía como si la estuviera traicionando. Otra estupidez tomando en cuenta que no era nada formal ni estable, nuestra situación podía cambiar de un día a otro.

Quería una bebida, la necesitaba. Aunque en ese momento lo mejor era mantenerme sobrio. Las chicas habían desaparecido de mi vista periférica cuando la identifiqué entre la multitud. Había sido fácil y no sólo porque la conocía de toda la vida. De manera inconsistente me erguí y me despegué de la cabina roja. Tragué saliva a pesar del nudo que empezaba a formarse en la boca del estómago. Con tantos jodidos pensamientos no había tenido tiempo de re-formular la escusa que soltaría cuando la tuviera enfrente. Caminaba con lentitud, como si no quisiera llegar nunca. Apagué esa necesidad de acortar la distancia a zancadas largas y rápidas. Mi dedo pulgar aún le daba vueltas al anillo de plata. La distancia a la que se detuvo fue considerable, como cualquier otra persona lo hacía. No invadía mi espacio personal y yo tampoco lo hacía. Me pareció algo demasiado informal y frío. Por tonto que sonara, me hacía pensar que ella ya había tomado su decisión y que había encontrado a alguien más. Lo primero era probable, pero lo segundo era casi imposible conociendo a Kristine; pero mi mente se esforzaba en creer ambas cosas, desencadenando los celos que llevaba retenidos.

Le recorté con disimulo, observando la posición de sus cuerpo en busca de respuestas con sólo su lenguaje corporal. Aunque quizá ella sabía lo que estaba haciendo gracias a que me miraba directamente a los ojos y a que sabía que era lo que hacía la mayoría del tiempo. Me quedé sin palabras. ¿Qué se suponía que iba a decir? ¿”Gracias por venir”? Demasiado formal, aunque si ella quería las cosas de esa manera, así serían. Estaba listo para soltarle esa respuesta cuando ella habló primero. Alcé una ceja ante su pregunta - ¿Esa es tu solución? – le pregunté quizá con demasiada acidez. Lo había dicho en broma - había una gran probabilidad de que así fuera – pero mi cabeza había estado jugando conmigo desde hacía días, haciendo que imaginara las cosas más locas. Y una parte de mí se enojaba al pensar que tomara tan a la ligera el asunto, como si fuera una broma. Solté un bufido sonoro y rodeé los ojos. Debía calmarme, lo sabía. Kristine sólo lo había dicho para romper el hielo y yo estaba construyendo una pared más gruesa con mi acidez.

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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Kristine M. Stryder el Vie Nov 16, 2012 1:15 am


Love takes hostages,Gives them pain.
4:45 pm · Calles & Callejones · Nathaniel Stryder

SNi siquiera podía permitirme decir “Las mujeres somos complicadas” el termino SOMOS sonaba un poco de más para mí, vamos las cosas eran obvias, yo era una mezcla entre chica pero con ciertos comportamientos no tan refinados, tampoco me interesaba estar con una sonrisa las 24 horas del día como si de esta y el pestañeo dependiera mi vida: “conseguir la media naranja” valla tontería…. Las chicas siempre debían estar atentas, siempre lucir lindas, agradables, a veces algunas hasta eran demasiado falsas… en fin… si eso era ser una chica, yo prefería ser un espécimen no reconocido. Quedarme con mi rareza era lo mejor. Después de todo, no podría ser normal, tener a mi hermano en mis pensamientos de una manera poco familiar… ya mataba toda posibilidad de ser como el resto de las personas. Lo mío en realidad era confuso, entre ratos solo quería ir y decirle si sería capaz de intentarlo, de dejarnos experimentar esto que ambos sentíamos, que intentáramos matar la curiosidad y ver en realidad si esto se extinguía al llevar 1 semana de “algo” como lo harían dos chicos normales. Pero la parte racional me decía que en realidad estaba proponiendo una atrocidad… simplemente debía evitar cualquier cruce de limites, ya las dos veces anteriores eran un claro aviso de que las cosas no se darían.

Y ahora me encontraba aquí, luchando por mantener mis manos quietas o a lo menos distraídas en mi misma para que no buscaran aferrarse a su cuerpo, lo bueno es que con la broma y aquella actitud despreocupada que intente mostrar, él seguro no se sentiría culpable de decirme el motivo exacto del encuentro. Me ceja derecha se arqueo suavemente al observar como me observaba ¿Qué andaba mal conmigo? ¿Me habría puesto zapatos diferentes o que?, me pase la mano por el cabello para peinarlo hacia atrás pero me desconcertó con el tono de su voz y claro más por su pregunta. Tenía días sin verlo, me estaba conteniendo y el simplemente me hablaba de tal manera que hubiera preferido que me arrojen un balde de agua fría encima. Todas mis fuerzas se fueron al suelo como cuando hay muchas fichas de domino en una fila india, tocas una y si esta cede por muy suave que fuese el golpe todas caen una tras otra…. Lo único que estaba provocando es que deje salir ese lado impulsivo, salvaje y un tanto desconocido para mí… Mordisquee mi labio inferior con frustración, negué de malas ganas para después poner los ojos en blanco....

tu quieres que pierda el control… y cuando lo haga te vas a arrepentir… ¿realmente quieres que te diga cual jodida y retorcida solución tengo en mente?— farfulle agitada, que para cuando me di cuenta mis manos estaban aferradas a la tela de su camiseta, entonces me percate del tono de su ropa y solté un suspiro al mismo tiempo que mis dedos deshacían el agarre—¿Por qué esperas una mejor solución cuando tu vienes de negro a decirme lo peor?— me dolía la idea de que definitivamente me dijera que hasta lo del muelle fue todo y que bueno su vestuario me decía muchos mensajes subliminales ¿yo estaría muerta para el? ¿Se marcaría una distancia?.
Carajo los hombres eran realmente mucho más complicados que las mujeres. Me frote los ojos con las palmas de las manos, estos estaban causándome cierta molestia… aquella que se siente como anuncio a que estas por llorar, pero era lo que menos quería, si la cuestión de esto era para decirme que me quería lejos, lo mejor que podría hacer era retirarme y sin mostrarme débil, ya luego cuando este lo suficientemente lejos de su vista comenzaría a ver o pensar que seria de mí. Agité mi cabeza, levante las manos para darme pequeños golpecitos en las mejillas. Fuerte. No llorar. Yo era… soy… Fuerte.


— si me vas a dejar, solo antes permíteme hacer una cosa— murmuré tomando su mano y tirando de él hasta el callejón mas cercano, lo apegó a la pared como el hizo conmigo en el muelle claro que en ese momento estuve entre el barandal y él. Posé mis labios en su cuello trazando un recorrido que dio en ese lugar inicio para irse desplazando hacia arriba, hasta el centro de su mentón el cual mordisquee con cierto toque salvaje pero sin dañarle, hasta por fin encontrar sus labios los cuales roce por unos segundos, disfrutando del momento con esperanzas de que su sabor perdure en mi. Solté un suave gruñido antes de atrapar su labio inferior entre los míos a modo de juego tentativo, aunque claro no tenía esperanzas de que él lo siguiera, sentí un apretón interno con la idea de que este fuera el único acercamiento. Me puse de puntillas para poder darme mejor alcance y entonces besarlo con suavidad, no quería forzar un beso intenso. Mi garganta quemaba como si supiera que tendría que conformarse solo con esto. Luego de unos segundos mirando al suelo separe nuestros labios y pose mi dedo índice en los suyos— creo que con un mensaje hubiera sido mas llevadero, en vez de usar ese tono de ropa para decir que me aleje… no creo que sea un bonito recuerdo— la voz me salió quebrada, entonces solté una risa sin ganas para disimularla, me cruce de brazos y me giré para darle la espalda, pase la palma de la mano en el contorno de los ojos para asegurarme de que no se me escapada rastro alguno de estar muriendo con todo esto.

Fijé la mirada en la pared sin cementar, se veían los ladrillos y sobre de estos grafitis en los cuales no preste atención a lo que significaban, solo me distraía intentando concentrarme en los colores…Fruncí el ceño pensando que decir… quien nos viera en el callejón sin conocernos pensarían todo tipos de cosas desde inocentes hasta que se yo... lo comprobé al escuchar un par de risitas de un grupo de niños (seguro de primaria) que señalaban, murmuraban y reían en nuestra dirección. Negué suavemente y metí las manos en los bolsillos del pantalón.



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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Nathaniel D. Stryder el Vie Nov 16, 2012 11:40 pm



“Time is free, but it's priceless. You can't own it, but you can use it. You can't keep it, but you can spend it. Once you've lost it you can never get it back.”
“You can't change the past, but you can ruin the present by worrying about the future”

“Grandioso. Las has citado para hablar y lo primero que haces es criticarla. Idiota”. La voz recriminatoria habló fuerte y claro en mi cabeza, con esa frialdad incontrolable. Esa voz empezaba a presentarse más constantemente en las últimas semanas, criticando cada decisión que tomaba de forma que al final terminaba cambiando de opinión. Estaba actuando de una forma inusual y detestable. ¿Desde cuándo le hablaba así a Kristine? Sí, había días en que nos enojábamos como todos los hermanos hacían, pero nuestra relación era tan llevadera que a los cinco minutos volvíamos a bromear como si nada hubiera pasado. Pero ahora mis venas no transportaban sangre, sino un fuego lento que envenenaba cada pensamiento en mi cabeza. Nunca antes había experimentado aquello cuando le hablaba a “mi hermana”. Es más, con ninguna persona. Y en ese momento me odiaba con todo mí ser, incluso cuando una parte de mí decía que estaba “bien” al hablarle así. ¿Por qué? Porque sus palabras me hacían sentir que no estaba tomando las cosas en serio. Pero por otra parte no dejaba de repetirme: “Despierta. Despierta. Estás actuando justo como no te gusta sentirte: atado a una persona, controlado por alguien más”. Y era por eso que las relaciones formales no funcionaban conmigo. ¿Y qué era eso de querer experimentarlo con mi propia hermana?

Negó con la cabeza repetidas veces. Yo sólo la seguía mirando con severidad y algo de enojo, como si Kristine acabara de cometer vandalismo y yo cargara con la obligación de comunicárselo a mis padres. El anillo de plata seguía dando vueltas en mi dedo anular gracias al movimiento que yo mismo le daba. Un repentino pensamiento me atacó: ¿Y qué tal si con mis palabras terminaba alejándola? Finalmente no era yo mismo, ella lo notaría. Y no sabía si esa reflexión me producía cierto alivio o si lo sentía como un golpe al estómago. Para mi sorpresa la castaña hizo lo contrario: de alguna forma había acortado la distancia con pasos rápidos y sus manos se aferraban a mi camisa. Sonaba agitada. Por mi parte, alcé una ceja ante la sorpresa de su reacción. En realidad no sabía ni que esperaba. Resistí el impulso de tomarla y hablarle de la misma forma, justo a tiempo, ya que si amarre se debilitó – Si no la expulsas es porque simplemente no te has decidido – contesté a su primera pregunta, la acidez aún notable. ¿Cómo llegaba a esa conclusión? Simple, lo mismo me pasaba a mí.

Por alguna extraña razón Kristine puso un interés especial en el color de mi ropa. No me había ni molestado en aplanar las pequeñas arrugas que ahora tenía en mi camisa debido a sus manos; pero si que me tomé la molestia de darme un vistazo rápido como si verificaba lo que la castaña estaba diciendo. Bueno, definitivamente no era el único al que su propia mente lo estaba traicionando – Porfavor, Kristne. No existe relación entre lo que dices- refuté. Sus movimientos eran extraños, ahora se daba pequeños golpes en las mejillas – Basta con eso – le dije algo irritado, evitando llevar mi mano hasta su muñeca para hacerla parar yo mismo. Porque sabía que si tenía el más mínimo contacto con ella una cosa llevaría a la otra tal como en su habitación en el muelle había ocurrido. Simples roces desencadenaban grandes finales.

~~~~~~~~~~~~~~
Su mano me fue y tiró de la mía. Era la primera vez en semanas que había vuelto a tocarla. Y no me había dado cuenta de cuanto había anhelado volverla tener en cercanía hasta ese momento. La había extrañado pero no de la forma en que creía hacerlo. La tranquilidad del callejón más cercano nos recibió con los brazos abiertos. No sabía ni porqué me estaba dejando llevar, quizá es que simplemente lo deseaba. La dureza de la pared de ladrillos se hizo presente cuando mi espalda dio contra ésta. Kristine parecía no querer perder el tiempo; sus labios recorrían mi cuello hasta encontrar su camino hasta mi mentón y mis labios. Y yo tampoco quería hacerle perder el tiempo, mis manos fueron hasta la parte baja de su espalda y la acerqué a mí en un empujón firme. ¿De dónde había salido esa Kristine? Todo había sido tan repentino. Para ese momento sabía que le gustaba jugar a tentarme, pero no estuve tan preparado como había pensado. Ella iba más por la suavidad cuando en ese momento yo no estaba para eso; aún me sentía algo cabreado y a eso le sumábamos el repentino aumento del deseo de arrastrarla hasta el final del callejón a pleno día.

No debía devolverle la provocación, no cuando las miradas podían estar sobre nosotros. Pero lo hice, mis labios se movieron entre los suyos de una forma no tan suave aunque tampoco llegando a lo que había pasado en el muelle. Ahora era su turno de recibir una mordida en su labio inferior. Y así de rápido como había empezado, el momento acabó. Mis labios ya no tenían contacto con los suyos, sino que ahora su dedo índice los remplazaba. Recargué mi cabeza sobre la pared y retiré mis manos de su espalda. La dejé alejarse a pesar de que quería tomarla del brazo y devolverla a donde pertenecía: a mi lado. Su voz sonaba quebrada y Kristine quiso disimularla con una sonrisa. Demasiada pretensión. Segundos después me encontraba observando su pequeña figura de espaldas. Pasó su mano por sobre sus ojos. ¿Estaba llorando? Muy poco probable si hablábamos de la ojiverde. Seguí recargado en la pared, sin saber que hacer. No era de los que iban y arropaban a las personas que lloraban; más bien era de los que les daban su espacio. Pero aun así mis brazos ardían por atraparla en ellos.

- Lo dices como si yo ya hubiera dicho algo – dije en voz alta y solté un suspiro. Ninguno de los dos había dicho anda y ambos ya estábamos haciendo conclusiones apresuradas de la decisión del otro - ¿Crees que te buscaría si quisiera si hubiera decidido alejarme? – le pregunté con tono irónico. Bueno, la verdad es que eso había estado haciendo semanas atrás, pero mis fuerzas habían flaqueado y bastante – Lo más sensato sería retirarme. Seguir con nuestras vidas como si nada hubiera pasado. Así no tendríamos problemas. Facilitaría la comunicación con nuestros padres ¿eh? – dije. Aquello eran más pensamientos personales dichos en voz alta. Ni yo mismo estaba convencido. Las risas de unos niños me distrajeron y dirigí mi mirada hasta ellos, algo tuvieron que encontrar de intimidante en mis ojos que desviaron la vista. Después volví a enfocarme en la ojiverde.

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Última edición por Nathaniel D. Stryder el Mar Nov 27, 2012 12:00 am, editado 1 vez
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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Kristine M. Stryder el Lun Nov 19, 2012 7:57 pm


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4:45 pm · Calles & Callejones · Nathaniel Stryder

Esto era realmente sarcástico e irónico, él se comportaba borde, me observaba de tal manera que me hacía creer que me odiaba, que de un momento a otro consiguió recapacitar acerca de nuestras acciones anteriores, y yo. Yo era la única que albergaba la esperanza de que pudiéramos luchar contra los pensamientos de los demás, sin importar si nos miraban feo o murmuraban a nuestras espaldas, mantenía la esperanza de permitirnos experimentar nuestros sentimientos o deseos sin temor a sobrepasarme. Sin tener que verme obligada o presionada a pisar el freno en cada situación ¿y si al final él supero todo y tú eres la única que desea vivir en la confusión?
El casanova desconocía lo que me mataba con su actitud seca, era irritante, como sentir patadas en el hígado haberme fijado en él. Por unos segundos se me pasó la idea de quitarle el bendito anillo que giraba con tanto esmero, me hacía sentir que este objeto tenía más atención e incluso un trato más sutil que el que me ofrecía en estos momentos. Conmigo estaba siendo manda amable. Odiaba que use aquella actitud ¿raro verdad? Antes me hubiera encantado causarle enfado “era mi misión como hermana”. Tras de eso, tras su comportamiento, venía y me reñía como si fuera mi padre, como un hermano mayor, liándome de manera mental provocándome el enorme deseo que levantar mi mano para marcar mis dedos en su rostro con ayuda de una bofetada y luego de aquello deslizar mis labios en la zona golpeada. Estúpido pensamiento ¿golpear y luego acariciar para aliviar el dolor? Solté un suspiro.
Todo lo de segundos atrás sirvió de impulso para tomar escasos segundos de valor, el cual me permitió arrinconarlo, rozar parte de su piel y en cierta manera despedirme del sabor de sus labios.
***

El subidón de valentía fue como cuando obtienes uno de adrenalina: así como llega se esfuma. Internamente estaba gritando, pidiéndole que deje lo hostil, que me quiera no como una hermana, ni como una amiga, que me ame incluso de manera diferente a las chicas con las cuales estuvo—estúpida Kristine, te estas perdiendo por un chico, ¿te sirve de consuelo que no sea cualquier chico, si no tu hermano?— se bufí mi “amada” srta. Criticona interior— y no se te ocurra llorar, ten dignidad—finalizo de manera mordaz.
Los ojos me ardían como si tuviera alguna basurilla en estos o parecido a cuando te cae shampoo durante la ducha, parpadee varias veces para evitar que se me escapen aquellas fastidiosas gotitas saladas. Me funcionaba pero me embargo un dolor en la garganta al parecer las lagrimas se me iban a esta zona y se acumulaban causando una especie de nudo pesado.
Estaba debatiéndome entre: irme, hablar o simplemente voltearme ir hasta él y abrazarlo como una hermana en búsqueda de refugio en brazos de su hermano mayor, en apoyo de un familiar, el punto es ¿Cómo hacer lo último, si ya no lo veía como tal? Mordí mi mejilla interna hasta que escuché el tono de su voz “Lo dices como si yo hubiera dicho algo”. Torcí mis labios en una mueca, tenía mucha razón y ahora me sentía como una estúpida dramática. De esas que odiaba. Volvió a arremeter “¿crees que te buscaría si siquiera si hubiera decidido alejarme?”
Aguarde en silencio y levante los hombros con dificultad, era como si llevase un peso invisible en estos que me complicaba movimientos. Pasaron días, incluso semanas para volver a vernos, así que mi mente me daba todo tipo de respuestas. Él siempre tenía chicas atrás y aquello me irritaba como no tenían idea, aunque antes estaba acostumbrada verlo llegar con diferentes barbies ahora simplemente no me agradaba la idea. Lo miraban como al “Ken” aquel muñeco coleccionable para esa muñeca rubia y tonta, es decir como algo de deben obtener, como cuando estas llenando un álbum y tienes casi todas las figuras menos la dorada, ese se vuelve tu objetivo, no importa cuanto gastas… Cuando al fin lo consigues simplemente lo pegas y listo “Capricho cumplido”— si los días en distancia no te hicieron cambiar lo que nos impulso en el muelle, en la recamara…bien pudieron ser las princesas con las que sales—sentencié con acidez. Le devolví la dosis que anteriormente me obligo a asimilar.
Entonces segundos después soltó aquello de nuestros padres (golpe bajo), clavé la mirada en los zapatos, estos lucían un tanto sucios pero no demasiado, lo normal, los cordones de estos si eran realmente grises cuando el color original eran blancos. Solté un suspiro ahogado, intentaba concentrarme en los jodidos zapatos pero no era fácil… ¿podría mirar a mis padres como antes o simplemente descargaría mi coraje y frustración sobre ellos por haberme condenado a ser hermana de Nathaniel? Fruncí el ceño pensativa —tu crees que podremos fingir ser los hijos perfectos?—pregunte con sarcasmo al mismo tiempo que negaba— de paso confirma que te harás cargo de las empresas familiares, los harás felices aunque a ti te desagrade la idea—murmuré.
—Yo me declarare lesbiana—comente sin gracia, simplemente estaba soltando cosas estúpidas, me rehusaba a que nos distanciáramos a la vez a la solución de tratarnos como si nada hubiera pasado.


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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Nathaniel D. Stryder el Mar Nov 27, 2012 12:05 am



“Time is free, but it's priceless. You can't own it, but you can use it. You can't keep it, but you can spend it. Once you've lost it you can never get it back.”
“You can't change the past, but you can ruin the present by worrying about the future”

¿Por qué carajo estás actuando como el hermano mayor en estos momento? me reprimía mentalmente. Obviamente me refería a mi actitud borde y algo seca con Kristine. Antes se hubiera muerto de la risa al ver mi actitud seria ante sus provocaciones; ahora parecía tener el efecto contrario. La estaba lastimando, se notaba con sólo mirarla a los ojos. Era yo mismo el propio enemigo en aquel momento, las palabras fluían por mi boca como agua desbordándose por una cascada. Mis propios celos y pensamientos me estaban dirigiendo en la dirección incorrecta, en la contraria. Sabía que mientras más hablara más la alejaría de mi lado y era lo que menos quería. Ahora que lo pensaba, resultaba irónico y estúpido haberla citado con mi humor tan cambiante y mis sentimientos tan poco aclarados. Había sido la excusa más idiota y simple. Por mi mente pasaban todo tipo de pensamientos. ¿Era mejor irme de una vez de ahí antes de que todo terminara peor? ¿Era mejor quedarme y resolver de una buena vez todo? Pero aquellas eran excusas. Debía afrentar la situación, sincerarme con ella por más incómodo que me resultara. ¿Y por qué incómodo? Porque simple y sencillamente no era de los que iban externándole a medio mundo lo que sentía o lo que me pasaba. Yo era de los que podían hablar de cualquier cosa que se le pasara por la cabeza pero cuando los sentimientos se entremezclaban… la situación cambiaba.

Su silencio empezaba a desesperarme, pero le di su tiempo. Su primera respuesta me dejó mudo y provocó que entrecerrara mis ojos. Vale, la distancia pudo haber sido un factor para cambiar las cosas, pero no lo fue. ¿Pero las “princesas con las que sales”? ¿De dónde carajo había salido aquello? Inhalé y exhalé despacio, tratando de asimilar con calma todo. Aceptaba su acidez, la comprendía. Finalmente yo había sido quien había sacado ese lado ácido primero. Incluso comprendía que pensara que salía con chicas con la misma frecuencia en que antes lo hacía, yo mismo había sido invadido por los celos al imaginarla con otros idiotas. Inconscientemente volví a jugar con mi anillo de plata, mientras consideraba soltarle la verdad de una maldita vez. Aquellos simples movimientos delataban mi desesperación, mi impaciencia y mi esfuerzo por mantenerme cuerdo y en mi lugar. Que su mirada se dirigiera al suelo no me ayudó en nada, me hacía sentir como que rehuía y al mismo tiempo me hacía sentir el culpable de esa huida de su parte.

Su suspiro ahogado no hizo más que confirmar que mis palabras estaban siendo bajas, incluso cuando mi último comentario nunca fue para ella. Quería estar preparado para su respuesta, pero una parte de mi estaba consciente de que no lo estaría, no en esta situación. Solté un bufido ante su pregunta sarcástica. La respuesta estaba más que presente en el aire tenso alrededor de nosotros. Si no podíamos fingir delante de la gente menos lo íbamos a hacer delante de nuestros propios padres. Por estúpido que sonase sentía que con sólo mirarme a los ojos sabrían todo, hasta el más pequeño y sucio detalle. Ya hasta había inventado todo tipo de escusas para esquivar la próxima reunión familiar. Alcé ambas cejas ante sus últimos comentarios. Uno de ellos lo había considerado igual de bajo que mi último comentario. En mi opinión, Kristine era la más consciente ante mi situación y la presión de mis padres por que tomara las riendas de la empresa familiar.

Bueno, ahora los dos estábamos hablando boberías o lo primero que se nos venía a la cabeza. Aquello iba de mal en peor y no quería llegar al punto en donde ambos nos marchábamos del lugar enfadados con el otro. La había citado para arreglar el problema ¿o no? No para empeorarlo. Solté un suspiro desesperado al mismo tiempo que dejaba de girar mi anillo y me pasaba una mano por el cabello. Tenía que empezar por facilitar las cosas, suavizar lo que había empezado. Y no iba a negarlo, no estaba resultando fácil. Estaba escogiendo mis palabras con cuidado, tratando de no explotar en el intento. Quería que me devolviera la mirada y como no vi otra alternativa para que lo hiciera me acerqué nuevamente hacia a ella y la forcé a subir la mirada, posicionando firmemente mi mano sobre su barbilla pero sin lastimarla.

- La distancia no cambió nada, Kristine. ¿No lo entiendes? Por algo me encuentro aquí. La estúpida distancia no hizo nada más que incrementar las jodidas ganas que tenía de verte – solté sin más con cierta desesperación - ¿Y aún crees que con eso tendría ganas de pensar en otra? – la interrogué con un toque de sarcasmo y retirando mi mano de su barbilla, confiando en que sostendría la mirada. No iba a comentar nada acerca de mi posible involucramiento con la empresa familiar, no era el tema que importaba ahora y tampoco algo que tuviera que discutir con ella. Y tampoco iba a discutir su último comentario, no valía la pena.

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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Kristine M. Stryder el Vie Nov 30, 2012 9:06 pm


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Últimamente solo expresaba hastío, aborrecía muchas cosas, odiaba lo que sucedía y sabía con exactitud que con sentirme así no cambiaría nada, con quejarme no sacaría ningún resultado, llorar o hacer rabietas siempre lo considere estúpido e infantil, de pequeña si quería algo lo pedía y si me lo negaban simplemente me ponía seria o borde (sí, me resentía pero mi orgullo no me permitía llorar, mucho menos implorar por algo o alguien) ¿Y ahora Kristine?, Ahora por dentro me quejaba, lloraba o hacía berrinches en mi contra, por lo estúpida e ingenua que podía llegar a ser… Siempre tendía a ser realista (Pesimistas para otros), me permitía ser soñadora sí pero sin despegar mucho de los pies de la tierra. Sin perder quien yo era, mi esencia, la chica que no necesitaba estar rodeada de personas (odiaba sentir atención excesiva; me hacía sentir como esos ratones de laboratorio), la cual quizás no contaba con muchas amistades pero en mi defensa: Soy de pocos amigos, por que no me gustaba coleccionar hipócritas. Tenía un perímetro de personas que realmente eran importantes para mí, y en el cual los puntos más significativos eran mis hermanos. Quizás nunca les decía “Los amo” “Los quiero” o ese tipo de palabras, era una bromista o simplemente intentaba ser un buen ejemplo, estar ahí para ellos en los momentos que papa y mama no pudieran ayudarlos. Pero creo que nunca hice bien mi papel como hermana “mayor” (irónicamente solo ganaba por un año a Melanie y por 5 meses a Erik) Nathaniel era contrario, era realmente el que te hacía sentir seguridad, en primaria simplemente bastaba con mi me dejara cerca de clases para que con verlos ningún niño se le ocurriera molestarme, me infundió siempre esa seguridad que buscaba… Ahora comenzaba a ver ciertas cosas. No obstante, en estos momentos no me sentía cómoda, sentía que en cualquier momento lo perdería y entonces la inseguridad y dudas me volvían inestable de manera emocional, estaba haciéndome una jodida blanda.
Solté un gruñido. Solté muchas cosas, estúpidas, sin sentido, pero de alguna manera debía dejar salir el dolor interno (La mejor manera para no mostrarme inmune fue ser borde como él lo fue conmigo) en honor a “Lo que das recibes”, tenía la sensación de que en cualquier momento mis sienes explotarían, el mal humor comenzaba a apoderarse de mi interior, podría asegurar que mas tarde me moriría de dolor de cabeza gracias al enfado. Fruncí el ceño cuando lo sentí acercarse, hice una débil mueca al contacto de sus dedos en mi mentón. A regañadientes le mire a los ojos, dolía hacerme la idea de que estaba por batearme lejos, lejos.

No fue así, creí imaginar sus palabras o estar escuchando mal, estúpidamente no pude evitar sonreír ampliamente, agité la cabeza par recuperar la razón y no rodearle el cuello con mis brazos, me alegraba escuchar aquello con su tono de voz, solo de sus labios, no de otra persona, solo de él. Fruncí el ceño mordisqueando mi labio inferior, retomando la confianza— entonces por que simplemente no me callaste con un beso y me permitiste hacer tanto drama?— le regañe en broma al mismo tiempo que arrugaba el puente la nariz.
Solté una débil risa y le di toque la boca del estomago con el dedo índice -¿Querías tu momento de dramático Romeo?- susurré tontamente dejando escapar un suspiro, intentaba relajarme luego de pensar lo peor, sin poder evitarlo coloqué agarre parte de la tela de su camisa para acercarlo a mí y ponerme de puntillas. Fruncí el ceño mirándolo a los ojos— ¿No?... he pecado yo he pensado en Jhonny Depp en algunos momentos— susurre en broma antes de darle un golpe con mi puño derecho en el hombro de este.


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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Nathaniel D. Stryder el Lun Dic 03, 2012 8:38 pm



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¿Cómo es que me esforzaba tanto por explicarle las cosas cuando yo mismo estaba sufriendo de la misma paranoia? Si ella hubiera tomado la decisión de estar con otro simplemente no estaría ahí, no habría acudido a la cita y daría todo por terminado. Ambos estábamos actuando de una manera estúpida y yo aún más, arrastrado por los celos y la inseguridad del tema entero. Y los demás lo empezaban a notar con esa actitud seria y pensativa que últimamente me iba cargando. Quizá por eso no estaba hecho para las relaciones largas y formales, y con Kristine sumada a la ecuación la cosa se complicaba. Con la mayoría de las personas y en especial con mis hermanos siempre mostraba esa actitud bromista y relajada. Claro que a veces mostraba un lado serio e impaciente. Ahora Kristine estaba viendo un lado de mí que pocas personas habían visto y dudaba que le estuviera gustando. Habría logrado enfriar mis pensamientos y mi humor, la tensión que sentía sobre mis hombros y mi mandíbula había disminuido pero no al grado de sentirme completamente cómodo. Finalmente le había “confesado” como me había sentido todos esos días de distanciamiento ¿o no? Ya era un avance para alguien que no iba expresando lo que sentía al aire libre.

Noté que me miraba a regañadientes, pero requería de su mirada en ese momento. No sabía que esperar, de nuevo me tenía atrapado en la inseguridad de cómo reaccionaría. E incluso me sorprendía a mí mismo esperando con ansias su reacción. Posiblemente eso era lo que me tenía tan atascado: ese algo que sólo ella tenía y que me mantenía a la deriva pero a la expectativa. Con las demás me aburría, siempre sabía que esperar de las chicas con las que salía. Nunca presentaban algo nuevo o diferente, por lo que terminaba buscando a alguien más. Con la salvaje, a pesar de conocerla prácticamente desde siempre, siempre era algo nuevo. Ella misma lo estaba demostrando ahí mismo: con su comentario de que se declaraba lesbiana. No había dicho nada al respecto, pero normalmente otras chicas jamás responderían eso. Ahora me respondía con una sonrisa amplia, que devolví con una sonrisa ladeada. Su primera sonrisa había sonado más como una broma. “Porque tienes que considerar que hay mejores opciones ahí fuera” me permití contestar internamente. Era verdad pero no lo dije en voz alta para evitar volver a las discusiones.

Había idiotas ahí fuera con los que podía estar sin ser juzgada y ella podía escoger libremente. ¿Por qué? Porque no estaba ciego, sabía lo que era mejor para ella. Si ella decidía dejarme de lado – por más cabreado que estuviera- la dejaría ir. – No voy a arrinconarte sólo porque quiero callarte, Kristine – contesté rodeando los ojos pero esta vez con algo de humor. Ella también había usado el humor, pero algo dentro de mí se preguntaba si ella me veía así: un Nathaniel que sólo estaba con ella para satisfacer sus deseos. Me debatía entre entenderlo o no. La verdad es que quería hacerlo. Volví a la realidad cuando se puso de puntillas y sus dedos se enredaron en parte de la tela de mi camisa para acercarme más a ella. Aún encontraba aquellas acciones desconcertantes y más aún la atracción y tensión que sentía hacía mi propia “hermana”. ¿Algún día acabarían? Lo dudaba. Difícilmente suprimí una sonrisa cuando terminó de hablar y al sentir su puño contra mi hombro.

- Así que aparte de ser lesbiana sufres de gerontofilia – contesté, imitando un gesto pensativo. Deslicé el dedo índice por uno de los anillos laterales de su pantalón y la atraje con firmeza, tratando de desbalancear la posición en la que se encontraba – Demasiadas cosas de ti que no conocía – susurré con sarcasmo al mismo tiempo que alzaba una ceja.

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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Kristine M. Stryder el Miér Dic 05, 2012 6:58 pm


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Tenía dos puntos de vista acerca de Nathaniel, el primero era el más que obvio y si ondeabas se podía volver perturbador ya que muy a pesar de tener recuerdos gratos, todos se basaban abrazos, bromas, experiencias y acciones fraternales, cosas que vivimos como hermanos y ahora pensarlos, analizarlos, me hacían sentir un tanto perdida no lograba ver como “se me cayó la venda de los ojos” es decir muy a pesar de saber que no compartíamos genes, ningún parentesco siempre fue mi hermano mayor. Aquel al cual me permitía mencionarlo ante algún chico que se pasara de listo, bastaba un “Si mis golpes no te duelen los de mi hermano mayor créeme que si lo harán”, no podía describirlo con exactitud, él era simplemente el hermano perfecto con el cual peleabas, te picabas, pero luego todo estaba bien y podías seguir bromeando. Nunca hubo signos traumáticos en nuestra infancia, nada fuera de lo normal. Pero si se cago todo años mas tardes, hace un par de semanas o ya unos meses, vamos que no lo olvidaría nunca: él estaba borracho y yo sin una gota de sueño, comenzamos a bromear, picarnos mutuamente, acercamientos y roces en broma, pinchar nuestro orgullo con desafíos, la cercanía conllevo a que las manos curiosas se deslizaran curiosas explorando al otro, raro sin lugar a dudas para ambos pero no importaba en ese momento, yo estando sobria no marcaba un límite, debía mandarlo a dormir pero no lo hice, al contrario. Terminamos en una habitación como un par de chicos ansiosos, mi alarma mental cobró vida cuando sus manos se aferraron a la tela de mi blusa, los nervios hicieron que me separara. Fue entonces cuando vi que todo estaba mal, él estaba borracho y yo estaba perdiendo la cordura, no obstante a pesar de que estuvo mal…
Heme aquí.

El segundo punto de vista consistía en como era con las demás chicas, yo misma era testigo de cuando llegaba en las madrugadas a hurtadillas, cuando yo tenía unos 14 años, lo observaba arreglarse para ir al pub o atendiendo su teléfono celular, a varias chicas. Un galán que sin lugar a dudas los demás hombres envidiarían. En resumen el punto dos no me gustaba revisarlo profundamente, esa manera de verlo era cuando no me sentía confundida, era un concepto que tenía de él cuando lo miraba como hermana, siempre hacía bromas de él llevándose chicas y cosas por el estilo, para ese entonces al final de cuentas a veces daban celos de hermana pero eran normales, ahora, no podría decirte con exactitud los pensamientos que me abordaban. La simple idea de que una chica lo mirara con indecencia y él le correspondiera con una estúpida sonrisa ladina hacía que se tensaran mis hombros. Agité la cabeza.
En estos momentos comenzaba a darme cuenta que el punto uno y dos comenzaban a perder cierto sentido, curiosamente estaba descubriendo o mejor dicho experimentando un Nathaniel… como explicarlo… un Nathaniel que me mantenía con las emociones elevadas o por los suelos con tan solo decirme algo, aquel que estúpidamente había conseguido dividirme de manera mental, mis pensamientos se convirtieron en una continua guerra de desacuerdos, alguien que se ponía tan serio conmigo y me mataba por dentro con aquella actitud ( irónicamente hubiera mandado al desagüe a cualquier otro chico que osara hacerme sentir mal, pero con él no podía). Antes su enojo o seriedad eran alas para bromear y picarlo ahora no, ahora verlo molesto me ponía “de mal humor”, juraba por mi orgullo que no demostraría que con el encabronamiento ocultada que me hacía dolía.
Entonces no podría definir con exactitud si era mirarlo desde perspectivas diferentes para dar con estas tres “explicaciones” –o lo que sea— para mi misma. Ni yo sabía que era esto.
***

“La duración de un relato es como la de un sueño, no decidimos el momento en que nos dormimos ni en el que nos despertamos. Y, sin embargo, avanzamos, continuamos. Quisiéramos hacer un gesto, tocar al personaje, mimarlo, cogerle la mano por ejemplo. Pero nos quedamos ahí, sin hacer nada. Habrá pasado toda la vida y no habremos hecho nada”


“No voy a arrinconarte sólo porque quiero callarte, Kristine” comentó con humor, chasqueé la lengua al mismo tiempo que negaba con un suave movimiento de cabeza— ¡lástima!, se ve jodidamente emocionante en las películas— bromeé nuevamente aunque siendo sincera sí, a veces era cierto que decíamos “no” y mentalmente las chicas deseábamos que nos den la contraria o quizás yo era la mal llevada. Yo era una tonta complicada a la cual pocos se animaban a entender. Lo observar con curiosidad estudiando sus facciones, sus gestos, buscada algún detalle de los motivos por los cuales sentía interés alguno en mí. Solté un resoplo – estas jodidamente mal de la cabeza, mi querido Nathaniel, has vivido con este huracán en tus costas y no te doblegas a pesar de que sabes que causa caos por donde pasa y que los más consientes huyen de Kristine—comenté en voz alta— o tal vez soy yo, quizás estoy sufriendo alguna alucinación, y me encuentro drogada en alguna cama de hospital debido a mi torpeza natural quizás tropee y me golpee fuerte la cabeza y estoy teniendo estas alucinaciones—miré alrededor con el ceño fruncido— lo extraño aquí es que no tienes un ojo de más, tampoco veo unicornios o un Obama blanco —sí estaba soltando estupideces, estaba nerviosa.

Me quede absorta en su sus ojos, me sentía realmente bien cuando él estaba de mejor humor, como una estúpida adolescente de película cuando recibe una llamaba de ese chico especial, a diferencia de que yo no daba brincos reales como tonta, los brincos los daba de manera interna. Quizás por eso la gente tendía a tacharme de fría o rara, no era de mostrar todos los pensamientos o sentimientos, no me pregunten que sentía, por que honestamente todos mis sentimientos estaban revueltos y hasta podría decir que habían nuevos que no sabia identificar. Era algo que no sentí antes. Extraño, daba temor pero me gustaba, como la real masoquista que a pesar de que algo que toque le de choques eléctricos ahí estaba siguiendo intentando tocarlo del todo y no solo por segundos.
Levante la ceja con su comentario ¿Gerontofilia?, arrugue el puente de la nariz ¿con que carajos se comía eso?, como buena orgullosa no quise preguntar para no verme presa de bromas mas tarde. Iba a buscar mi celular pero no me dio tiempo, me desconcentro de gran manera al tirarme de una parte de mis jeans, reí con suavidad ante su siguiente susurro – Tampoco sabes que tengo un lunar extraño por la pelvis, con la forma de algún país y pensaba en tatuarme algo sobre este para que no se viera, pero las agujas duelen— bromeé, en realidad no era un lunar, era una quemadura estúpida hecha con un cigarro en temporada de piscina, en fin si no me pasaba algo torpe no era del todo yo— viajo a Narnia los martes para tomar él te con el sr tunmus y los jueves practico en el cuarto rojo con Christian Grey— arrugué la nariz— también tengo un vampiro acosador que me mira dormir todas las noches y creo que es realmente perturbador— me puse de puntillas nuevamente para acercar mis labios a los suyos y susurrar sobre estos—me encantaría que fuera otra persona— comente con un toque de broma, volví a apoyar correctamente los pues en el suelo, negué divertida y tomé el celular de uno de los bolsillos, rápidamente con una de mis manos tipee la palabra que él menciono antes. No pude evitar estallar en risas con el significado, lo mire divertida guardando mi teléfono— ¿es enserio?— mordí mi labio inferior animada.

¿Me crees Geron… geroloquesea, por fijarme en ti?— le seguí la broma, acaricie su fino rostro con los nudillos cuando entonces recordé mi frase anterior, mis labios formaron una perfecta “O” –Oh! Espera, lo decías por Jhonny Depp- recorrí el contorno de sus labios con la yema de mis dedos hasta tomar su labio inferior entre estos, estirarlo con suavidad sonriendo ante el sonido que produjo cuando mis dedos dejo de estirarlo.
— ¿Y tú que?— le miré con los ojos entrecerrados intentado mostrarme seria pero enseguida añadí— ¿Vampiro?, ¿Hombre lobo? o quizás… ¿nefilim?— Levanté ambas cejas. Estaba soltando cosa tras cosa ¿miedo? Sí, no sabía que santo dejar salir la Kristine cariñosa o vamos esa chica que no se dejaba dar a conocer.
En segundos volví a la realidad o mejor dicho pensar en el miedo me hizo aturdir, desconocía realmente que quería Nathaniel para su vida, que deseaba el en su chica soñada, ¿y si yo no reunía todos los requisitos?— Nat, tu…— hice una mueca tomando aire, no sabía como soltarlo— ¿tu que…piensas que es esto que sentimos?—pregunté en un hilo de voz. Nuevamente mis ojos ardían, pero no quería llorar. Presioné mi mejilla interna con los dientes— que pasa si… bueno— solté un suspiro ahogado “que pasa si llegamos a intentarlo y te das cuenta que no te gusto, pero ¿y si tu me llegas a seguir gustando?”. Me pase las manos por las sienes antes de apoyar mi rostro en su pecho, ese problema sería mío al fin de cuentas.
—Me estoy comportando como una estúpida adolescente enamorada, y lo peor es que no sé que haremos— murmuré con la voz entrecortada— ¿porque no me dejas amarte y ya?— hice una mueca ante lo ultimo que solté, bien ya había metido la pata.



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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Nathaniel D. Stryder el Mar Dic 11, 2012 6:45 pm



“Time is free, but it's priceless. You can't own it, but you can use it. You can't keep it, but you can spend it. Once you've lost it you can never get it back.”
“You can't change the past, but you can ruin the present by worrying about the future”

El callejón era algo húmedo, los tenues rayos del sol no nos alcanzaban a pegar. No habíamos pasado horas ahí, pero sabía que en cualquier momento el sol se ocultaría por completo y –por consiguiente- la temperatura empezaría a bajar grado por grado. Era esa época del año en la que todo era más frío conforme la noche se iba acercando. Dejé que sus dedos siguieran enredados en mi camisa por unos momentos más mientras la miraba con una sonrisa ladina. ¿En las películas? Negué suavemente con la cabeza, casi sin poder crédito a las palabras de Kristine – Sabes que no soy de ese tipo de películas. Demasiado estúpidas – comenté con ironía. Ella lo había dicho entre broma pero al menos esa broma sí que no me aplicaba, siendo que evitaba las películas de romance como si fueran una enfermedad. Demasiado drama para que el final fuera obvio. No iba a gastar mi dinero en cursilerías y estupideces de ese tipo. La miré con el entrecejo fruncido cuando empezó a soltar una enorme cantidad de palabras, como si estuviera en un idioma completamente diferente y que no comprendía.

Cambié mi peso de un piel al otro mientras la escuchaba, con una sonrisa burlona asomándose. Cierto, había vivido con Kristine por bastante tiempo como para haberme acostumbrado o al menos aprender cuando esquivarla en sus momentos de mal humor o caos. Pero la verdad es que eso jamás sucedería: no era de los que huía de los problemas y menos de una salvaje; tampoco me acostumbraría a ella. El mejor ejemplo lo tenía ahora mismo, podía tener una imagen de ella como la típica chica rebelde que interesa pero que va golpeando chicos conforme se acercan pero al final me salía con otra cosa. Ruda, pero torpe. ¿En qué mundo coexistían esos dos adjetivos? Cierto, sólo con Kristine. Solté una carcajada al final – Entonces has tenido una alucinación bastante… - me quedé sin palabras. ¿Normal? No, no era la palabra que buscaba siendo que besarla en medio de un callejón no era lo que caía en esa categoría – Interesante – concluí, sin estar muy satisfecho. Si su teoría fuera cierta su alucinación no sería la más sana pero no la más alocada. Bien podía alucinar que ella era uno de los tantos unicornios que le gustaban a Melanie – Quizá te administraron la droga equivocada - comenté y me encogí de hombros.

Ahora era mi turno de entrelazar mis dedos por el anillo de su pantalón por más tiempo del que era necesario. Las carcajadas y las pláticas de la gente por las calles me parecían distantes, estaban presentes pero mi atención no estaba en eso. No me ponía nervioso por el hecho de que había gente caminando prácticamente a unos pasos de nosotros, quizá algo más consiente de mis acciones. Ante su comentario deslicé mi mano a la parte delantera de su pantalón, haciendo un camino silencioso por encima de su ropa, donde se encontraba su abdomen. Con una sonrisa burlona jugué con el botón de su pantalón, como si en realidad fuera a quitarlo para ver el dichoso lunar que había mencionado - Cobarde – comenté en voz alta – Si lo hubieras echo sería una tentación ver ese tatuaje – susurré en voz baja mientras volvía a tirar de su pantalón, casi desabrochando el botón pero desistiendo en el último segundo.

Volvía a tener sus labios cerca de los míos, esta vez sólo con un roce. Mi mano había ido a parar en su espalda, apoyándola contra mi cuerpo, como una reacción ante sus palabras. Éstas no tenían sentido, pero mi posición claramente era posesiva – No soy de los que se limita a observar – susurre en tono sugestivo al tiempo en que se volvía a apoyar en las palmas de sus pies. La solté pero mantuve mi mano sobre su cintura. Me pareció extraño cuando sacó el celular y empezó a presionar unas cuantas letras. ¿Tan pronto se iba? No tenía planes de dejarla ir tan fácilmente a menos que fuera una verdadera emergencia. Antes de que pudiera preguntar empezó a reírse y después obtuve mi respuesta. No había captado el sentido de mi broma a la primera… ni a la segunda. Rodeé los ojos, pero los volví a posicionar en su rostro cuando estiró mi labio inferior con sus dedos. Su mirada se veía cargada con algo de seriedad, pero finalmente cedió.

- Demonio – contesté, con el mismo tono de seriedad que ella había intentado. Sin embargo la situación se tornó verdaderamente seria de un momento a otro. Lo noté con un simple escrutinio en sus facciones y gestos. Su pregunta me dejó pensando por unos segundos, no lo iba a negar. La dejé terminar para que se expresara pero también para buscar mi respuesta. Todo su cuerpo denotaba tensión o nerviosismo. Terminó por apoyar su rostro en mi pecho y por un momento me quedé tieso ante sus últimas palabras. Sabía que ella notaría el pulso acelerado de mi cuerpo, no eran respuestas fáciles de soltar.

Pasé mi mano de su cintura a su mano, las yemas de mis dedos trazaban figuras imaginarias sobre su piel – Pienso muchas cosas, quizá ninguna concreta o acertada – confesé, tratando de no morder mi lengua. La había citado para algo y era para hablar - Te quiero. De eso estoy seguro – susurré antes de besar su frente. Ella sabía eso ¿cierto? Lo había dicho en voz alta, no había sido fácil pero tampoco tan difícil. Lo siguiente era en lo que no estaba seguro sobre como soltarlo. Con mi otra mano había empezado a jugar nuevamente con mi anillo de plata, esa manía parecía delatarme más que nada – No quiero que salgas lastimada en esto – acepté con cierta acidez.

Aquellas palabras eran sólo la punta del iceberg. Lo que no estaba diciendo a qué me refería. Por una parte estaba la sociedad hipócrita en la que vivíamos, no quería que Kristine se viera afectada o cambiada por la reacción y por los comentarios de los demás. Y del otro lado estaba yo mismo. ¿Cómo es que iba a prometerle estar ahí siempre si a veces sentía que no estaba hecho para las relaciones largas y formales? Lo intentaríamos si ella estuviera dispuesta. Claro que lo haría, pero lo que menos quería era lastimarla en el proceso. No quería descubrir que sólo había deseado a “mi hermana” sólo por unas cuantas noches.

Kristine M. Stryder
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Re: At what cost? || Kristine M. Stryder

Mensaje por Kristine M. Stryder el Lun Dic 17, 2012 11:49 pm


Love takes hostages,Gives them pain.
4:45 pm · Calles & Callejones · Nathaniel Stryder

Esto era demasiado curioso, buscaba una especie de ancla invisible que me mantuviera en un lugar “firme”, que mis emociones, palabras y acciones no fueran más allá como la de las tontas adolescentes. Porque sentía que así me estaba comportando al soltar cada cosa ante él a causas de nervios y a la vez era parte de mí reaccionar de cierta manera, no podía cuidar lo que decía o hacía o simplemente ya no sería yo. Gran parte de mi vida he dicho que la gente es falsa y se comporta de cada manera rara para simpatizar y yo no quería hacer ello. Aunque sabía que seguramente él se encontraba descartando la idea de gustos hacia mí. Sentí una quemazón en mis pulmones, estaba olvidando respirar y cuando lo hice sentí cierto alivio. Volví a sonreír ante su frase en respuesta a mi broma. Me sentía rara, yo no era tan cursi al menos no en público y dependía de la persona— por ejemplo con Clarissa o Melania— No obstante no sabía cómo tratarlo a él, a veces se me salía natural darle caricias suaves y otras veces deseaba clavar mis uñas en su espalda. Agité la cabeza, negándome a mis pensamientos “cordura ven a mí”.
Levanté la ceja y le miré divertida— y es una lástima, quería darte un beso muy interesante que vi en un gif de tumblr— bromeé, acercándome lo suficiente que pudiera para acariciar su cuello con la punta de mi nariz, era una sensación única, aparte de que amaba su olor. Y luego venía la sensación de “¿por qué debo ser un bicho tan raro?”, solté un suspiro mirando hacia mis zapatos “alucinación bastante”…. “interesante”. Arrugué la nariz pensativa, la palabra correcta era “tonta”… Esto era lo que me atormentaba, no sabía con exactitud que pensaba él de mí y eso me aturdía. Crecimos juntos sí, nos soportábamos como hermanos pero más allá… ¿nuestra personalidad nos haría entrar en conflicto? O la peor de las cosas es que simplemente el note que no me soportaba— ¿y eso que Kristine?— me regaño mi voz interior—deja lo emo…y si te metiste de pecadora hazlo bien— riñó. Levanté la mirada al mismo tiempo que soltaba una risa débil— demasiado equivocada, mira que fijarme en ti— le observe de pies a cabeza negando con suavidad.
Segundos después su dedo regresaba a mi pantalón, sonreí antes de soltar un débil suspiro, esas pequeñas acciones hacían que dentro de mi vientre se diera el inicio de sensaciones como si miles de fuegos artificiales hubieran sido activados de manera consecutiva. Al principio sonreía de medio lado pero se me borro de inmediato al sentir su jugueteo con el botón, mi abdomen se contrajo con su susurro y maldije en lo bajo, mordí mi labio inferior y susurré—si las cosas siguen así, terminaré tatuando una manzana mordida— le dedique una media sonrisa. Ve a saber si lo interpretaría de la manera que yo quería. No sabía cómo provocar, vamos como chica era un fiasco— y no soy cobarde… si quieres te lo dejo elegir— Levanté la ceja desafiante. El orgullo volvía a mí y eso significaba que lo molestaría un tanto— ¿enserio no solo te limitas a observar?— solté una débil risa descanso besar sus labios pero solo añadí—tus dedos ni fueron capaces de desabrochar el botón hermanito— canturreé.
“Demonio” fue lo último que respondió antes de que cambiara mi actitud. A lo que me enfrentaba era esto, era como permitirme ir por camino prohibido a sabiendas de que hay muchas cosas ahí que pueden dañarme, pero la curiosidad y otras cosas impulsan a que siga, solo que en medio camino comenzaba a notar que sentía un poco de nervios y temor. Pero bien dicen que no todo es fácil… solo que no sabía con exactitud el daño que me causaría si de pronto descubría que él no me quería de la misma manera que yo sentía. ¿Qué tanto me dolería? ¿Qué pasaba si yo era una especie de capricho?... y por qué jodidos tenía que hacerme pensar tanto, me daban arranques de nervios y miedo. Odiaba tener miedo.
***

¡Genial Kristine! En fracciones de segundos mandé todo al carajo con mi pregunta y manera de decirlo, estaba más que clara que solo debía arriesgarme, pero digamos que por muy salvaje y ruda que yo sea, me permitía pensar, quizás ese era mi defecto pensaba mucho las cosas, el futuro en parte o en los demás (respecto a no hacerle daño a otros) en este caso quizás mis padres reaccionarían mal, pero tampoco los estaríamos matando o algo por el estilo ¿verdad? Lo que me tenía más pesar ahora en realidad era el que pasaría si luego de unos días me perdía el interés. Sí señores yo no confiaba en el amor eterno, no confiaba en los hombres. Y de la nada ahora pensaba en algo que no quería que se terminara…Ironía. ¿Cómo temía que terminara algo que ni comenzaba?... así mal estaba.
No obstante cerré los ojos sintiendo los trazos sin sentido de sus dedos, estaba cambiado otra vez, ¿nerviosismo?
“Te quiero. De eso estoy seguro” en esas 6 palabras se centraron mi atención, lo anterior que había dicho era difuso en mi mente. Sentí como si me diera una posibilidad, ante ello pensaba en arriesgarme hasta que dijo lo siguiente y mis labios se torcieron en una mueca.
Me separe un poco soltando un suspiro ahogado una mezcla de frustración y tristeza, negué mirando el suelo por unos segundos— te seré sincera, eres el primer estúpido que logra meterse tanto en mi cabeza, y reconozco que no me gusta nada aquello porque de no ser así simplemente me alejaría y ya está pero— levante la mirada para cruzarme con esos ojos azulados que realmente me cautivaban. Tomé y mano, aquella con el anillo que tanto giraba, deslice mi dedo índice al contorno de su aro de metal.
—Para ser sincera sí, tengo cierto miedo… pero no me interesa lo que digan los chicos de mi curso o los vecinos o quien sea, me interesas tú, te quiero a ti… el miedo en cierta parte es porque tengo una larga lista de chicas con las cuales obviamente ni competiría— hice una mueca roleando los ojos, solté otro suspiro ahogado sin saber que palabras usar—quiero decir tendrás que aguantarte mis mordiscos como te vea mirando de más— intente bromear pero no sabía cómo tomaría mis palabras, vamos no era buena en estos temas, solo tenía claro que lo quería y me arriesgaría a muchas cosas solo por estar a su lado. Mordí mi labio y mire hacia la salida del callejón, donde estábamos estaba mas oscuro.
Regresé la mirada hasta él— ¿lo intentaremos?— sí decía que sí podríamos salir del callejón y tener una paseo como un par de chicos normales— podemos caminar juntos mientras pensamos que haremos…-

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I can be your shelter 'til it's done
We can make this last forever
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Kristine M. Stryder

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